jueves, 9 de septiembre de 2010

Las anécdotas más divertidas de Einstein

Si le pides a cualquier persona que te diga el nombre de algún científico que conozca, seguramente esa lista de personajes de ciencia estará encabezada por Albert Einstein. El genio de la relatividad es una de las imágenes más familiares y recordadas de todo el mundo. Un personaje fácilmente reconocible, no sólo por sus grandes logros científicos, sino también por su original personalidad. Einstein no sólo es famoso por sus teorías y descubrimientos. Gran parte de su celebridad es debida a su carácter, a su forma de ser y por supuesto, a su humor.

Hoy nos vamos a dar un paseo por esos grandes toques de humor que el genio alemán nos regaló.

Y digo "genio alemán" aunque en realidad hay que recordar que Einstein tuvo hasta tres nacionalidades distintas a lo largo de su vida. Nació en Ulm (Alemania), en 1900 obtiene también la nacionalidad suiza y más tarde, ante el peligro del nazismo en Europa, emigra a Estados Unidos consiguiendo su tercera nacionalidad en 1940.

Einstein bromeaba sobre estos tres pasaportes diciendo que "si hubiera fracasado con mis teorías, los americanos hubieran dicho que yo era un físico suizo; los físicos que era un científico alemán; y los alemanes que era un astrónomo judío".

Y recordando los duros años de la Alemania nazi, Einstein tuvo muchos problemas en aquella época por sus orígenes judios. En 1905, tras publicar su teoría de la relatividad, Einstein sufrió una campaña de desprestigio que vino acompañada por un libro titulado: "100 científicos contra Einstein"... cuando le preguntaron qué opinaba de ese libro, respondió: ¿cien?, ¿para qué tantos?, si yo estuviera equivocado, con uno sólo sería suficiente...

Einstein logró convertirse en un personaje muy famoso en su época (algo bastante dificil para un científico), y sus encuentros con las celebridades de aquellos días también han dejado grandes anécdotas y curiosidades.

En una ocasión conoció a Marilyn Monroe y la actriz le dijo: "Profesor, deberíamos casarnos y tener un hijo. Sería perfecto. Tendría su inteligencia y mi belleza"... Albert Einstein la miró fijamente y tras una breve pausa le respondió: "Señorita Monroe, lo malo es que saliera con mi belleza y con su inteligencia".

Y hablando de humor, también hay que decir que Einstein llegó a reunirse con el verdadero genio del humor de todos los tiempos: Charles Chaplin. El científico le dijo lo mucho que le gustaban sus películas y añadió: "Señor Chaplin, su arte es universal. Todo el mundo le comprende y le admira". El bueno de Charlot, se rió y le contestó: "Su caso, Señor Einstein es mucho más increíble: Todo el mundo lo admira y prácticamente nadie lo comprende".

Otra curiosidad quizá desconocida es la afición que Einstein sentía por el violín. El físico no sólo se manejaba bien en el mundo de la ciencia, sino que también se movía con elegancia en el mundo de las artes. Era frecuente que en las reuniones de amigos, Einstein sacara su instrumento y deleitara a los asistentes con un pequeño concierto.

Sin embargo, no sabemos a ciencia cierta si Einstein tocaba bien o por el contrario desafinaba de vez en cuando... En una ocasión, un dibujante de viñetas que se encontraba presente mientras el físico daba un recital comenzó a reirse de su forma de tocar el violín.

Einstein se acercó y le contestó: "Está muy mal eso de reirse del trabajo de otros... yo nunca me rio con su trabajo" (Imagino que esto es lo peor que se le puede decir a un humorista).

Y para terminar os dejo con una anécdota que demuestra que incluso los genios se equivocan alguna vez frente a los cerebros más humildes.

En 1952, Einstein llamó por sorpresa a un zapatero llamado Peter Hulit pidiéndole que viniera a su casa rápidamente. Al físico le dolían los pies, sus zapatos le rozaban y necesitaba unos nuevos. Cuando Peter Hulit llegó a la casa de Einstein, el científico había dibujado en un cartón el plano con las medidas y proporciones de lo que él pensaba que era el zapato perfecto y con el que nunca le volverían a doler los pies. El zapatero observó aquel dibujo, bajó la vista a los pies de Albert Einstein y le contestó: "Profesor, me temo que lo único que usted necesita son unos zapatos de una talla mayor". Einstein le miró fijamente y finalmente, le dio la razón a aquel zapatero.

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