miércoles, 25 de octubre de 2017

Sri Lanka - Viaje

Bueno, por fin coy a comenzar a contaros nuestro viaje a Sri Lanka, la antigua Ceilan, la llamada isla de los mil nombres, porque desde su descubrimiento no han sido miles, pero casi. Lo que más no impactó es la diferencia cultural que había entre occidente y los países asiáticos. Era nuestro primer salto a ese continente y hemos visto que tenemos las ideas muy occidentales y que aquello es otro mundo. Pero sobre las diferencias culturales os iré hablando conforme vaya contando los sitios vistos, aunque quizás tenga que hacer una entrada solo para contaros algunas cosas.

El primer capitulo es el viaje. Aquello está muy muy lejos. Nuestro viaje empezaba en la estación de autobuses de Pamplona, luego avión Bilbao - Estambul, en Estambul esperamos un poco (increíble la gente que hay en ese aeropuerto a la una de la mañana y que tapadas iban las mujeres, mis amigas yendo en tirantes eran las que más carne enseñaban...) Y ya cogimos el vuelo que nos llevaría a Colombo. Pero hicimos otra paradica, lo que hizo que un viaje que podría durar 8 horas durara 11. En Maldivas se bajó y subió gente, pero a nosotros no nos dejaban casi ni asomarnos, eso sí ya percibimos el calor que íbamos a pasar en aquellas tierras.

Y cuando llegamos a Colombo, entonces fue cuando empezó el viaje de verdad. Colombo es la capital de la isla, pero parecía que no tenía mucho que ver y justo el aeropuerto quedaba al norte de la ciudad que es para dónde íbamos. Así que decidimos coger un coche para que nos llevará al siguiente punto de nuestra visita, Anuradhapura. Cuatro horas más o menos hasta nuestro destino. Pagamos porque nos fueran a recoger, pero al final hubo un lío, vino un tipo con un cartel para nosotros, pero era el que habían contratado la agencia para nosotros y lo habíamos cancelado. Así que hubo que llamar al hotel, pensaban que no habíamos cogido lo del taxi. Bueno, al final al que vino ya le dijimos que no le necesitábamos y apareció un señor que nos llevaría.

Como decía antes ahí empezaba nuestra verdadera odisea. Yo fui de copiloto un rato y pase realmente bastante miedo. Allí se puede adelantar cuando se quiere, incluso cuando vienen de frente. Lo curiosos es que se vuelve al carril antes que te pegues, a centímetros, pero no se chocan ninguno. Más vale que no cogimos un coche alquilado... Yo hubiera roto varios retrovisores. ;-) 

Pongo la foto de Iria porque yo no saque foto al tráfico. En ella se ve un poco el caos que es el tráfico en aquel país, aunque es difícil retratar lo que es el tráfico en aquella isla. Hasta que no se vive no se puede saber lo que es. Íbamos de noche y también había gente que andaba por arcenes, ya que no hay muchas aceras, sin luces ni nada, como para verlos. Miles de perros también en el arcén (todos de la misma raza que parecían que siempre era el mismo) y que a la que te descuides saltan a la carretera y tienes que esquivarlos. Luego el pitido del coche lo usan, no para decirte que has hecho mal algo como aquí, sino es para avisar de que vas a adelantar o decir que voy y estas adelantando vuelve a tu carril. Cuando se hace de noche, se cambia el pitido (que son dos cortos) por echar las largas dos veces. Con eso ya no tienes problemas en hacer lo que quieras. Parecía a veces que los dos carriles eran cuatro.

Y encima el tipo que nos llevaba era lo más brusco que he visto en mi vida. Más vale que luego vimos que había gente que conducía mucho más suave y fue nuestro peor conductor de los que cogimos. Paraba, arrancaba,... La pobre Ainhoa que ya había salido mal del avión tuvo que pedir un descanso un par de veces. La verdad es que el conductor se portó bien, nos compró agua y una especie de torta, pero como conductor daba mucho que desear. Con Ainhoa de copiloto, que se mareaba menos y después de las 4 horas de un viaje para olvidar, llegamos a Anuradhapura y al hotel y la verdad es que con ganas de darnos una ducha y de coger cama. Más vale que el hotel era uno de los mejores y lo habíamos cogido para dos noches, de tal manera que al día siguiente no íbamos a hacer tantos Kms (aunque al final ya hicimos unos cuantos...) Salvo la pecera del baño, que estaba como chula, pero que metía mucho ruido, la verdad es que fue un acierto coger un hotel un poco mejor para las dos primeras noches. 

Al día siguiente visitaríamos la ciudad budista de aquella localidad. Pero eso es ya otra historia....

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