jueves, 1 de febrero de 2018

Sri Lanka - Viaje Kandy Nuwara Eliya

Esa mañana desayunamos, por cierto muy barato, en un sitio de locales, donde ellos estaban desayunando arroz y nosotros nos tomamos un café, unos té y un bizcocho que la verdad es que estaba muy rico. La verdad es que nos salió bien la jugada porque en un principio íbamos a desayunar en el alojamiento pero nos dijeron que no estaba todavía la cocina abierta y que teníamos que esperar. Por no perder tiempo les dijimos a dónde podíamos ir y en la misma manzana estaba el local este en el que desayunamos super agusto, mucho más barato que lo que nos iba a costar en el hotel y encima inmersos en la cultura.

Después de desayunar fuimos a hacer algunas compras de recuerdos, sobre todo para mis compañeras que ya habían echado el ojo a algunas cosillas. Y a un mercado que nos dijeron que estaba bien para comprar barato especias y demás. Allí la verdad es que nos atendieron super bien y yo me dediqué más a hacer fotos que otra cosa, mientras mis amigas se dedicaban a regatear y comprar las especias. Aquí van algunas de esas fotos...


Cuando llegamos al hotel para recoger las cosas e ir a la estación a coger el tren, entonces fue cuando conocimos a Asier y Oihana, una pareja de Pamplona (bueno ella de Barañain y creo que él de Burlada) que era el chico que había oído la anterior noche hablando del encierro. Ellos iban hacía Nuwara Eliya también en tren, a ellos también les habían dado las últimas butacas de segunda clase el día anterior. Así que mientras ellos acababan de desayunar (ellos habían dormido más, habían tenido peor suerte y estaban desayunando en el hostal) nosotros intentábamos buscar un tuk tuk grande para que nos llevara a la estación. El caso es que siempre que habíamos tomado un tuk tuk los tres íbamos la verdad es que muy pegados e incómodos y pensar que teníamos que llevar las maletas... nos dijeron que había tuk tuks más grandes, así que con tiempo fuimos a buscar uno por la calle al lado del hostal. Encima había empezado a llover, aunque tuvimos la suerte de que paró enseguida. Y por fin utilizamos las fundas para las mochilas que habíamos comprado y los chubasqueros. Al final nos cogió un tuktuk normal y nos dijo que nos llevaba a la estación. Le decíamos que no cabriamos, pero él no tenía ninguna duda de que sí. Y, efectivamente, fuimos allí. Una mochila la cogía él con la pierna, otra en el pequeño maletero que tenía y otra encima de nosotros. Bueno, para viaje de poco tiempo ni tan mal. Más barato que uno más grande y no sería la última vez que nos montaríamos así. Desde aquel viaje fue mucho más habitual de lo que hubiéramos pensado.

Después de esperar un rato. Lo de la puntualidad inglesa no fue el caso. Subimos al tren, nos sentamos en segunda clase con gente local. Pero a qué no adivináis quién estaban al lado después de haber estando esperando con ellos en la estación al tren. Efectivamente ¡¡¡Asier y Oihana!!!

El trayecto duró unas cuatro horas, pero la verdad es que se hizo muy ameno. Las puertas de entrada al tren están abiertas todo el trayecto y te puedes asomar o sentarte para ver los paisajes hacía la estación Nanu Oya que es la estación más cercana a Nuwara Eliya.  Comimos en el tren, pudimos conocer a nuestros nuevos amigos de viaje, charlamos con algún local,... Pudimos notar porque íbamos hacía las “tierras altas”, denominada así porque era una de las zonas preferidas de los ingleses por su climatología, cada vez hacía más frío y el cielo se volvía más gris.

La verdad es que está muy chulo el paisaje y no me extraña que sea considerado uno de los tramos de tren más bonitos del mundo. Cada vez también veíamos más campos de té, ya que también nos acercábamos a una de las zonas más productivas de té del mundo, del conocido té de Ceylan. Pero quizás nosotros que aquí en Pamplona tenemos también cerca paisajes verdes y frondosos no nos sorprendió tanto ese paisaje, pero sólo con esas estaciones del siglo XIX que vimos, esas cascadas, y esa gente cerca de las vías y cerca de ese tren que te trasportaba a otro tiempo, merece la pena y mucho ese viaje en tren.

Además gracias a nuestros acompañantes pudimos probar algunos productos locales que no habíamos probado y por fin saboreábamos el picante del que tanto habíamos oído. La verdad es que estuvo muy chulo y además era super barato para lo largo que era el viaje, eso sí, coged las entradas pronto. A los dos días hicimos otro viaje con ticket en tercera para estar de pie y no fue tan agradable.... Pero eso ya es otra historia...

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